Three | Tres

Jacque and Dan approach the land as a question: “What else is possible here?” Their farm is a space to test new ideas.

Their work honors the land by approaching it as a living text, not a finished one. For decades, their family focused on commodity production—alfalfa, corn, soy, and milk—following established methods to sustain the operation.

In 2020, amid the uncertainty and upheaval of the pandemic, they planted organic vegetable gardens and built a roadside stand. It wasn’t only about starting a business but also about discovering what could grow from inherited land when given permission to reimagine it.

Their attitude is evident in the camaraderie that permeates the farm—in both small and large details that acknowledge the workers, who help it thrive. Marvin, one of their employees, shared that on the farm, there are many moments of apprenticeship—spaces where admiration is mutual, and knowledge moves freely between people.

The milking parlor is pristine. Right outside, a bulletin board displays photographs of their team—not as ID badges, but as portraits of individuals, each engaged in the fullness of their lives.

After a time, we returned to our walk; Jacque and Dan joined us for a time, reflecting their curiosity and desire to learn.



Their work honors the land by approaching it as a living text, not a finished one // Su trabajo refleja un cambio generacional: no un rechazo de la tradición, sino una forma de reimaginarla más allá de las prácticas heredadas.”

Jacque y Dan abordan la agricultura como una pregunta: «¿Qué más es posible aquí?». Su granja no es solo un sitio de trabajo y producción, sino un espacio para probar nuevas ideas.

Su trabajo refleja un cambio generacional: no un rechazo de la tradición, sino una forma de reimaginarla más allá de las prácticas heredadas. Por muchas décadas, la finca agrícola-lechera, se ha dedicado a la producción de cultivos básicos—alfalfa, maíz, soja y leche—siguiendo métodos establecidos para mantener la operación.

En 2020, en medio de la incertidumbre y la agitación de la pandemia, comenzaron a cultivar un huerto de vegetales orgánicos y a venderlos en un puesto al borde del camino. Este emprendimiento económico fue un descubrimiento: qué más podía brotar de una tierra heredada cuando se le da rienda suelta a la imaginación.

El sentido de camaradería impregna la granja haciéndose palpable en los pequeños y en los grandes detalles que hacen este lugar. Por ejemplo, reconocer a sus trabajadores como colaboradores de sus éxitos es una ética que combina el trabajo y el carino. Marvin, uno de sus empleados, nos contó que en la finca hay muchos momentos de aprendizaje que dan lugar a momentos de admiración mutua.

Al salir notamos que la sala de ordeño es impecable, y justo afuera hay un tablón de anuncios con varias fotos de su equipo de trabajo. Estas fotos no se ven como credenciales que identifican sino más bien como retratos que muestran la vida de cada individuo en su plenitud.

Después de terminar la visita de la finca, Jacque y Dan se unieron a nuestra caminata, un gesto más que reflejaba su curiosidad y deseo de aprender con los demás.