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We met Nathan on a sunny October day and spoke about his ties to Sauk County and his personal connection to the land. A descendant of German immigrants who began farming in the 1800s, Nathan continues his family’s tradition.

Five years ago, a farm accident changed Nathan’s life, resulting in the loss of part of his right leg. Tasks he once took for granted—such as climbing ladders and navigating uneven terrain—suddenly became difficult or impossible. Refusing to step back, Nathan adapted. Together with his father—a skilled builder—they transformed the functionality of the farm to accommodate his new mobility needs.

His father designed and welded a new metal staircase for the tall granary building, replacing the narrow, vertical side ladder typical of conventional grain structures. Now, Nathan can access it without help. The broad, even steps and sturdy handrails reflect both form and function—an understated but elegant solution that balances accessibility with rural pragmatism.

Together we toured the pastures in a rover—an exhilarating and practical ride that offered insight into the farm’s design and daily rhythms. The cows, friendly and curious, approached as we arrived. “They like to be touched on the forehead,” Nathan told us and, sure enough, they leaned in gently for a moment of mutual recognition.

In Nathan’s farm, we see a living landscape, a site of thoughtful reinvention, reminding us that we can make lives more livable—one step, one ramp, one pasture at a time.



We can make lives more livable—one step, one ramp, one pasture at a time // Podemos hacer la vida más habitable: un paso, una rampa, un pastizal a la vez.”

Conocimos a Nathan en un soleado día de octubre y hablamos sobre sus vínculos personales con la tierra del condado de Sauk. Él es un descendiente de inmigrantes alemanes que llegaron a finales del siglo XIX, como parte de una ola histórica migratoria impulsada por las dificultades económicas y la inestabilidad política en Europa. Nathan transformó la tradición familiar y actualmente cría un pequeño rebaño de vacas rojas-Angus.

Hace cinco años, un accidente agrícola le cambió la vida a Nathan, al perder parte de su pierna derecha. Tareas que antes realizaba sin dificultad —subir escaleras, andar sobre terrenos irregulares, y realizar trabajo manual repetitivo— se volvieron complicadas o imposibles. Pero, en lugar de alejarse de la vida agrícola, Nathan se adaptó. Junto con su padre —un experto constructor vinculado al legado de diseño de Frank Lloyd Wright— transformaron la funcionalidad de la granja para ajustarla a sus nuevas necesidades de movilidad.

Un ejemplo es la escalera metálica adosada a uno de los graneros. Su padre diseñó y soldó una nueva estructura para reemplazar la estrecha escalera lateral vertical típica de los graneros convencionales. Esta innovación permite que Nathan pueda acceder a la trampilla superior de forma segura e independiente. Sus amplios y uniformes escalones, junto con pasamanos robustos, reflejan tanto la forma como la función: una solución discreta pero elegante que equilibra accesibilidad y pragmatismo rural.

Lo acompañamos en el vehículo-todo terreno para un recorrido por los pastizales — un viaje emocionante y práctico que nos permitió vivir los ritmos diarios de su granja. Cuando llegamos a donde estaban las vacas, amistosas y curiosas, se acercaron. «Les gusta que les toquen la frente», nos dijo Nathan, y, efectivamente, inclinaron sus cabezas en un acto de reconocimiento mutuo.

Nathan y su granja nos ofrecen un contrapunto a las suposiciones sobre la vida rural, viendo un paisaje vivo y en movimiento, un lugar de reinvención inteligente y reflexiva, que nos recuerda que podemos hacer la vida más habitable: un paso, una rampa, un pastizal a la vez.